Para pagos por BIZUM contactar por WhatsApp

.Ib.As de Emérita Augusta. Anas.

cabeza-logo

3,79 €

Reproducción de un as de Emérita Augusta con un anverso con la imagen del Río Anas y en el reverso una yunta fundacional guiada por un augur. (VER DESCRIPCIÓN)

Compartir

Loading...

Descripción

AS DE EMÉRITA AVGVSTA. ANAS.

Época: 22 a. C;  – 14 d. C

Moneda: As

Ceca. Emérita Augusta

Material: Zamak

Inscripciones:

Anverso: Cabeza barbada de frente, debajo ánfora.

Inscripción: PERMISSV CAESARIS AVGVSTI

Tradicionalmente se identifica como la personificación del dios río Anas (el actual río Guadiana) o del genio local, con un ánfora al lado de la que brota agua.

Reverso: Yunta a izquierda.

Inscripción: AVGVSTA    EMERITA

Muestra la escena clásica de la yunta fundacional. Se compone de un sacerdote o colono guiando una pareja de bueyes hacia la izquierda, lo que simboliza el ritual romano de trazar los límites sagrados (pomerium) al fundar una nueva colonia.

Dividida en dos líneas, arriba se lee AVGVSTA y abajo EMERITA, haciendo referencia directa al nombre de la ciudad fundada para los soldados licenciados (emeriti) de las legiones V Alaudae y X Gemina.

 

 

LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD ROMANA.

Cuando los romanos se disponían a fundar una ciudad, era preciso llevar a cabo ciertas ceremonias religiosas para invocar la protección de los dioses, una antiquísima tradición heredada de los etruscos y que recibía el nombre de inauguratio. Este término proviene de augur a quien era preceptivo consultar para asegurarse de haber elegido el lugar adecuado. El augur procedía primero a la contemplatio, observando el cielo desde un punto elevado y alerta a cualquier señal divina, que pudiera ser enviada. A través de esta contemplación, decidirá si es oportuno fundar una ciudad en dicho emplazamiento, y, en caso afirmativo, elegirá las coordenadas o ejes principales de la ciudad.

Se examinaban entonces las entrañas de algunos animales. Generalmente se elegía un águila por ser las águilas mensajeras de la voluntad divina. El ave se abría en canal y se extraía el hígado, que era dividido en partes, cada una destinada a una divinidad. Vitruvio, en su tratado De arquitectura, nos explica que, según el estado de las vísceras de los animales sacrificados, comprobaban si el aire y las aguas del lugar eran los bastantes salubres para levantar allí una población.

Si los auspicios resultaban favorables se enganchaba un toro y una vaca a un arado de bronce para trazar con un surco la zona destinada a albergar a la población. Las reses debían ser blancas y no haber llevado nunca yugo. El toro evocador de la fertilidad de la tierra, de la masculinidad y la guerra, debía caminar por la parte exterior del surco mientras la hembra, símbolo del hogar, iba por el lado interior.

El fundador manejaba el arado de forma oblicua, para que la tierra levantada cayera del lado de la ciudad y aquella que caía fuera, era recogida de inmediato por los ayudantes y arrojada hacia el interior. Donde el lugar lo permitía, el espacio se diseñaba en forma cuadrada. Para las puertas, cuyo número se determinaba también por medio de tradiciones sagradas, se dejaba un espacio libre, levantando el arado. El acto de llevar levantado el arado se llamaba portare de donde proviene la palabra puerta. El surco tenía carácter inviolable, y se consideraba un sacrilegio saltar por encima.

El centro del área allí delimitada era sagrada. Allí se abría una fosa circular mundus en la que se depositaban los restos del águila sacrificada ofrendas y una arqueta con tierra procedente del lugar de origen de los fundadores simbolizando así que traían a sus dioses consigo. Luego se taponaba con una piedra cuadrada sobre la que se erigía un altar. En él ardía un fuego el focus era el momento en que el fundador daba nombre a la ciudad. La piedra era retirada tres veces al año y durante esos días en los que se abría el mundus todos los asuntos de la ciudad se paralizaban porque entendían, que al quedar abierta la comunicación con el inframundo cualquier proyecto estaba destinado a salir mal.

El surco abierto con el arado trazaba exactamente el lugar en que debían erigirse la muralla. Fuera de ella, se marcaba un perímetro para delimitar el pomerium, un espacio sagrado, destinado en exclusiva a los dioses romanos, cuya protección invocaban. Para señalar los límites, se empleaban pilares de piedra llamados cippi pomoerii. Se consideraba que Roma existía tan solo hasta los límites del pomerium, y que todo aquello que quedase más allá de ellos era territorio perteneciente a los romanos, pero no propiamente Roma.

 La zona así delimitada no era habitable, ni podía ser cultivada. Tampoco se permitía los enterramientos ni portar armas, un acto que hubiera sido sacrílego. Los generales tenían prohibida la entrada, a excepción del día en que celebraban la ceremonia del triunfo. Hasta ese momento debía aguardar con sus tropas fuera del pomerium.

La última parte de los rituales era la consecratio consistente en un sacrificio a los dioses capitolinos. Después se llevaba a cabo la centuriación o división por parcelas del terreno de la ciudad que iba a ser repartido entre los colonos. Esta parte corría a cargo del agrimensor, quien dividía el suelo primero en centurias numeradas que a su vez se dividían en lotes más pequeños. Utilizando un instrumento llamado gnomon, comenzaba por trazar sobre el mundus, una cruz que señalaría las dos calles principales. El trazo que iba de este a oeste correspondía a la llamada decumanus maximus y el que iba de norte a sur era la cardo maximus. Mediante esta cruz la ciudad quedaba dividida en cuatro regiones: siniestra, destra antica y postica. El foro se señalaba en el lugar de intersección de las dos calles principales.

Monserrat Suáñez. DE REYES, DIOSES Y HÉROES.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Valoraciones

Aún no hay reseñas

Añadir una reseña
Actualmente no estamos aceptando nuevas reseñas.
Translate »