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Fascinum Alado de Pompeya.

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Fascinum alado de Pompeya.

Copia de un Fascinum alado de Pompeya.  (VER DESCRIPCIÓN).

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Descripción

FASCINUM ALADO DE POMPEYA.

Época: Siglo I d. C.

Localización: Pompeya.

Medidas: 4,7 cm

Peso: 50 gr.

Material: Zamak.

Amuleto fálico realizado en zamak con un cuerpo central con un falo erecto, los testículos a los lados y dos alas qeu emergen de la base de los testículos  que simbolizan la velocidad y la agilidad. Permitían al amuleto «volar» activamente al encuentro del peligro para neutralizar el maleficio antes de que este tocara al portador.

 

 

 

 

FASCINUM.

El fascinum (o fascinus) era la representación del falo divino en la antigua Roma y funcionaba principalmente como un amuleto protector contra el mal de ojo y las fuerzas negativas.

Para los romanos, este símbolo no tenía una connotación erótica u obscena como en la actualidad, sino que era un objeto cotidiano con funciones mágicas y religiosas muy específicas.

Su función principal era apotropaica, dar la vuelta, alejar, ahuyentar la Invidia (envidia) y el mal de ojo. Se creía que el falo distraía la mirada malévola, neutralizando su poder dañino.

En Roma se usaban como amuletos personales. Los niños lo solían llevar como colgantes para proteger su salud y futuro. Los soldados también los portaban para atraer la suerte en el campo de batalla.

Los romanos colocaban relieves de falos en las paredes de las casas, puentes y edificios para protegerlos de desastres.

El Dios Fascinus era una deidad guardiana custodiada por las Vírgenes Vestales en el templo de Vesta. Entre los objetos sagrados que las vestales guardaban en el penus Vestae — el sagrario interior del templo al que nadie más podía acceder — se encontraba el Fascinus Populi Romani: un amuleto fálicosagrado que representaba la protección divina sobre el Estado romano.

El fascinus era un amuleto contra el mal de ojo y un símbolo de fertilidad. Era tan venerado que las propias vestales — vírgenes consagradas — eran las encargadas de custodiarlo. Durante los desfiles triunfales, las vestales colocaban un fascinum bajo el carro del general victorioso para protegerle de la envidia de la multitud. Es una paradoja fascinante: las sacerdotisas de la pureza guardaban celosamente un símbolo fálico como garantía de la supervivencia de Roma.

A parte de Fascinus hay en Roma varios dioses que aparecen ligados a este tipo de culto y se les representa con un falo erecto. El dios principal es Príapo, hijo de Dioniso, incluso a veces el propio Dioniso, habitual también es Mercurio, cuyos bustos se colocaban en la entrada de las casas o en los cruces de caminos en un pilar con la cabeza del dios y debajo un falo o los genitales e igualmente Silvano, Fauno o Pan.

Cabe destacar dentro de los dioses romanos relacionados con el culto al falo a Mutunus Tutunus, dios fálico del matrimonio del que apenas quedan representaciones con forma humana y si únicamente como un falo. Las novias romanas en las ceremonias iniciales a la boda para prepararse para el coito teatralizaban sentarse a horcajadas sobre un falo de este dios para representar una ficticia pérdida de la virginidad ante Tutunus pidiéndole que fueran fecundas.

(Etiamne Tutunus, cuius inmanibus pudendis horrentique fascino uestras inequitare matronas et auspicabile ducitis » et optatis ? ¿Y existe también Tutunus, en cuyas descomunales partes pudendas y en su horrendo miembro queréis que cabalguen vuestras matronas y consideráis señal propicia? Arnobio, “Adversus nationes” VII, 4,7).

El culto al <<Fascinum>> tenía en Roma una doble vertiente:

Por un lado se pedía a los dioses que tenían relación con el Fascinus, la fertilidad para las cosechas, la germinación de los frutales y el cereal, que los animales crecieran sanos y a la vez que esa misma fecundidad fuera extensible para las mujeres y el dios favoreciera los embarazos y nacimientos de hijos.

Por otro lado usaban este amuleto para que les protegiera contra el “mal de ojo” (oculus malignus), sobre todo contra la envidia que era la causa principal de este mal y que aparece en la propia etimología latina de la palabra in-videre (in-contra, videre-ver), envidar, mirar a alguien con malos ojos, lanzar la mirada contra alguien, una prueba de esto son las palabras de Plinio donde dice que a los generales o emperadores que les concedían un desfile triunfal, debajo del carro al que iba subido en la ceremonia se colocaban varios <<Fascinum>> para proteger al triunfador de la envidia que podía atraer. También los padres a los bebes les colgaran de su cuna un <<Fascinum>> como protección para la salud del niño y luego en su infancia llevaban un <<Fascinum >> colgado del cuello para que no les sucediera nada malo (“Potest vel ab eo quod pueris turpicula res in collo quaedam suspenditur, ne quid obsit…; Puede venir de esto la costumbre de colgar en el cuello de los niños cierto objeto obsceno para que no le suceda nada malo. Varrón “De lingua latina” VII, 97) quizás porque los niños estaban más expuestos a los encantamientos y hechizos.

Estos fascinum también pueden aparecer como tintinnabula,  campanillas de bronce con formas fálicas aladas que tintineaban para alejar a los malos espíritus con su sonido colgadas en las puertas de las casas,  falos alados que simbolizaban la rapidez del amuleto para volar y combatir el mal y mano fica, un puño cerrado y el pulgar asomando entre el dedo índice y medio que usaba tanto en joyas como en gestos manuales para «hacer la higa» y neutralizar la mirada de alguien que se sospechaba que estaba echando un mal de ojo.

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